Un verdadero monstruo.
Me desperté, sintiendo que
era yo el Depredador. Mientras el bobo
ese del Chuacheneguer, cumpliendo con ese pendejo deber patriótico, me miraba
con ganas de incrustarme toda esa metralla
barata (esa que promociona orgullosamente la Agencia Nacional del Rifle); yo,
resistía y soportaba sus golpes traperos. Lo único que realmente yo quería era esa rica, deliciosa y
nutritiva proteína que le circulaba por
sus sesos, y proseguir al acto ceremonial y simbólico de colgar su cabeza en la colección de celebridades. Mi instinto alienígena-animal anhelaba
recorrer con mi húmeda lengua cada uno de los 28 huesos que componían su cráneo, era para mi y todos los de mi raza, tener esa reliquia del gringo musculoso y que mejor del gobernador
de California.
Admito que me hirió, el enano tenia lo suyo, para que… tantos años y tanto dinero invertido
para sembrar el miedo y
consolidar ese poder marica que tanto les obsesiona y envenena, todo ello, le había
servido de pretexto, para descargar toda su furia, esa sevicia y placer de la
sangre con las tripas por fuera, y ese argumento
ridículo que todos somos terroristas, sospechosos
hasta que se demuestre lo contrario. Yo me pregunto quienes son los verdaderos
monstruos, que todos los árabes son unos
terroristas, que los latinos somos pobres brutos y terroristas, que los
ojichinos también son unos sospechosos terroristas y ni hablar de los rusos gitanos, negros, mujeres y madres cabeza de familia.
Tan aventajados que creen
que todo lo solucionan a punta de explosiones vía satélite, en hora y media y con palomitas de maíz. Sii,
lo admito, que la pólvora hizo lo suyo
en el cuerpo de este humilde servidor. Pues
si como no, algo tenían que producir, esa vaina de la guerra preventiva, miedo
ridículo de patria boba. Reconozco que el atarvan ojiclaro, le pego al perro. Me puse malito, mostré debilidad, el si me vio asi caído, sin compasión, ni
piedad ni que nada. Estaba entrenado para destruir, desde que era un escuincle
se saciaba mirando las escenas despiadadas del buen coyote, anhelando explotar
todas las vísceras del malvado correcaminos. Eso de no respetar los cánones de
la guerra, ósea estando yo mal herido, y el con su espíritu humanista, venía a socorrerme,
me curara y me hicieran un juicio revolucionario, y que todo por la vida, nooo, no señor al
contrario su único objetivo era que de una vez por todas, me callera el piano encima y me destartale
completamente, es que donde tuviera la fórmula secreta para que lloviera todo el trinitrotolueno de los cielos el
hombre no quedaba conforme o que tan solo reuniera todos los dinosaurios flatulentos que
contribuyeron al calentamiento global, sirvieran de gran ayuda para asfixiarme,
no sería suficiente.
Pero, tal parece que se le acabo todo el arsenal, las balas se silenciaron porque todas estaban desparramadas por el suelo, y otras clavadas por todo mi cuerpo, ni los tiros, permitieron que sucumbiera, no entendía que pasaba, le obsesionaba que los gusanos consumieran lo que estaba consumado por el fuego del acero, pero nada ante la resistencia lo único que le quedaba es que pusiera a prueba que eso no era esteroide si no fuerza Caribe.
Pero, tal parece que se le acabo todo el arsenal, las balas se silenciaron porque todas estaban desparramadas por el suelo, y otras clavadas por todo mi cuerpo, ni los tiros, permitieron que sucumbiera, no entendía que pasaba, le obsesionaba que los gusanos consumieran lo que estaba consumado por el fuego del acero, pero nada ante la resistencia lo único que le quedaba es que pusiera a prueba que eso no era esteroide si no fuerza Caribe.
El enano de dos patas, me miraba con
ganas de seguirme pegando, ese creyó que
yo era el muñecote de esas fabricas que se inventan con la función de recibir
patadas y puños gringos, por suerte su fuerza por el desplazamiento se agotaba. En medio del cansancio, me miraba con ganas de
seguirme cascando, hasta matarme (desafiante el bodrio musculoso), yo le tenia
su regalito, la sorpresa ballena, el toque secreto.
Con todos los totazos recibidos saque de mi brazo el kit de plan de regeneración
efectiva y automática en tan solo dos minutos. Así que espiche todos los botoncitos, donde me iba regenerando, y las lucecitas se
iban apagando, ese me observaba curioso preguntándose, que estará haciendo este
monstruo piojoso del demonio, y mis ojos
pasaron de llorosos a contarle la nueva noticia. Tan solo fue abrir el hocico, mostrándole mis incisivos caninos, y me iba riendo a
carcajadas, dándole tiempo, al gobernador de California, para que se fuera por
donde vino, como no me iba a cabronear..
con ese patético TLC, que nos metieron. Lástima ese cráneo se perdió.
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