lunes, 28 de mayo de 2012


Un  verdadero monstruo.


Me desperté, sintiendo que era yo el Depredador.  Mientras el bobo ese del Chuacheneguer, cumpliendo con ese pendejo deber patriótico, me miraba con ganas  de incrustarme toda esa metralla barata (esa que promociona orgullosamente la Agencia Nacional del Rifle); yo, resistía y soportaba sus golpes traperos. Lo único que realmente yo quería era esa rica, deliciosa y nutritiva  proteína que le circulaba por sus sesos, y proseguir al acto ceremonial y simbólico de colgar su cabeza en la colección de celebridades. Mi instinto alienígena-animal anhelaba recorrer con mi húmeda lengua cada uno de los 28 huesos que componían su cráneo, era para mi y todos los de mi raza, tener esa reliquia del  gringo musculoso y que mejor del gobernador de California. 

  Admito que me hirió, el enano tenia lo suyo,  para que… tantos años y tanto dinero  invertido  para sembrar el miedo  y consolidar ese poder marica que tanto les obsesiona y envenena,  todo ello, le había servido de pretexto, para descargar toda su furia, esa sevicia y placer de la sangre con las tripas por fuera, y ese argumento  ridículo que todos somos terroristas, sospechosos hasta que se demuestre lo contrario. Yo me pregunto quienes son los verdaderos monstruos, que todos los árabes son unos terroristas, que los latinos somos pobres brutos y terroristas, que los ojichinos también son unos sospechosos terroristas y ni hablar de los  rusos gitanos, negros, mujeres y madres cabeza de familia. 

Tan aventajados que creen que todo lo solucionan a punta de explosiones vía satélite,  en hora y media y con palomitas de maíz. Sii, lo admito,  que la pólvora hizo lo suyo en el cuerpo de este humilde servidor.  Pues si como no, algo tenían que producir, esa vaina de la guerra preventiva, miedo ridículo de patria boba. Reconozco que el atarvan ojiclaro, le pego al perro.  Me puse malito, mostré debilidad,  el si me vio asi caído, sin compasión, ni piedad ni que nada. Estaba entrenado para destruir, desde que era un escuincle se saciaba mirando las escenas despiadadas del buen coyote, anhelando explotar todas las vísceras del malvado correcaminos. Eso de no respetar los cánones de la guerra, ósea estando yo mal herido, y el con su espíritu humanista, venía a socorrerme, me curara y me hicieran un juicio revolucionario,  y que todo por la vida, nooo, no señor al contrario su único objetivo era que de una vez por todas,  me callera el piano encima y me destartale completamente, es que donde tuviera la fórmula secreta para que lloviera  todo el trinitrotolueno de los cielos el hombre no quedaba conforme o que tan solo  reuniera todos los dinosaurios flatulentos que contribuyeron al calentamiento global, sirvieran de gran ayuda para asfixiarme, no sería suficiente. 

Pero, tal  parece que se le acabo todo el arsenal, las balas se silenciaron porque todas estaban desparramadas por el suelo, y otras clavadas por todo mi cuerpo, ni los tiros, permitieron que sucumbiera, no entendía que pasaba,  le obsesionaba que los gusanos consumieran lo que estaba consumado por el fuego del acero,  pero nada ante la resistencia  lo único que le quedaba es que pusiera a prueba que eso no era esteroide si no fuerza Caribe.  

El enano de dos patas, me miraba con ganas de seguirme pegando,  ese creyó que yo era el muñecote de esas fabricas que se inventan con la función de recibir patadas y puños gringos, por suerte su fuerza por el desplazamiento se agotaba. En medio del cansancio, me miraba con ganas de seguirme cascando, hasta matarme (desafiante el bodrio musculoso), yo le tenia su regalito, la sorpresa ballena, el toque secreto.

Con todos los totazos recibidos  saque de mi brazo el kit de plan de regeneración efectiva y automática en tan solo dos minutos. Así que espiche todos los botoncitos,  donde me iba regenerando, y las lucecitas se iban apagando, ese me observaba curioso preguntándose, que estará haciendo este monstruo piojoso del demonio, y  mis ojos pasaron de llorosos a contarle la nueva noticia. Tan solo fue abrir el hocico,  mostrándole  mis incisivos caninos, y me iba riendo a carcajadas, dándole tiempo, al gobernador de California, para que se fuera por donde vino,  como no me iba a cabronear.. con ese patético TLC, que nos metieron. Lástima ese cráneo se perdió.

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